Me he venido hasta aquí (...) para hablar sólo un poco, muy poco, con algún transeunte y preguntarle una dirección. En esta ciudad, donde la respuesta es siempre la misma: "Destra, sinistra, sinistra, destra, destra, sinistra e altra volta sinistra".

Antonio Gala: Los papeles de agua.

sábado, 4 de febrero de 2012

Los Argonath


Desde que vemos los Argonath, estamos en la frontera de lo que fuera en tiempos el Imperio de los Numenoreanos, Gondor, uno de los dos reinos Dúnedain en el exilio, fundado por  Isildur y Anárion, los hijos de Elendil, en el año 3320 de la Segunda Edad del Sol, tras la Caída de Númenor.

 Su reino hermano fue Arnor, en el norte, fundado por el propio Elendil.  

Los Argonath  son dos estatuas de piedra de tamaño colosal construidas y excavadas directamente en las márgenes del río Anduin.  Se les conoce como “Los pilares de los reyes”.

Las estatuas representan a los hermanos Isildur y Anárion, hijos de Elendil, los primeros Reyes de Gondor en la Tierra Media.  Del primero descienden los Reyes de Arnor. Del segundo descienden los Reyes de Gondor

Los Argonath son una especie de centinelas en las fronteras de este enorme Imperio. Sus manos extendidas hacia el norte, simbolizan el límite del Reino de Gondor y son una clara señal para los enemigos de no traspasar la frontera del reino. Tenían por objetivo no sólo rendir homenaje a los padres de Gondor, sino también marcar el límite septentrional del reino, que ningún extranjero podía cruzar sin permiso del Rey.
Los colosos fueron construidos por orden del rey Rómendacil II en el año 1250 de la Tercera Edad del Sol, (en la época en que los Reyes de Gondor sostenían guerras con los enemigos de la oscura fortaleza de Utumno, en el norte de la Tierra Media), frente a Nen Hithoel, para marcar el punto en que el «Gran Río» cruzaba el antiguo límite norte del reino.



En el año 1248 T. E., como respuesta a los ataques de los Hombres del Este, el regente Minalcar reunió una gran fuerza y, poniéndose al frente de las huestes, realizó una campaña entre Rhovanion y el Mar Interior. En esta campaña derrotó a un gran ejército de los hombres del Este, lo que le permitió destruir todos sus asentamientos al Este del Mar Interior. Con ello la frontera Este quedaba asegurada y se restauraba la hegemonía de Gondor en la zona. Tras esta gran victoria tomó el nombre de Rómendacil, como ya hiciera su antepasado Tarostar. Con este nombre accedería al trono de Gondor tras la muerte de su padre en 1304 T. E.
A pesar de su gran victoria, al regresar a Gondor, Rómendacil ordenó fortificar la orilla occidental del Anduin hasta la desembocadura del Limclaro, prohibiendo que ningún extranjero descendiera por el río más allá de Emyn Muil. Fue él quien hizo construir los Argonath, a la entrada de Nen Hithoel.



Nen Hithoel es un lago largo y ovalado, y se extendía delante de las puertas de Argonath, en el río Anduin. Estaba rodeado de colinas grises y abruptas, con sus cubiertas de árboles, pero las cimas eran desnudas, sin árboles. En el extremo sur había tres colinas, la del medio del lago se llamaba Tol Brandir o la Isla Alta, conocida en Gondor como Escarpa. La que estaba ubicada sobre a margen oriental del lago, se llamaba Amon Lhaw y la del margen occidental, Amon Hen, las colinas del oído y de la vista.
El agua del lago se precipita por las cataratas de Rauros unas veinte millas al sur. Está rodeado por las pedregosas colinas de Emyn Muil.

 
La primera vez que Peter Jackson tuvo conocimiento de El Señor de los Anillos ocurrió después de ver la película del mismo nombre de 1978, dirigida por Ralph Bakshi.

 
 En otoño de 1995, Jackson consideró dirigir una adaptación de El Señor de los Anillos.  A partir de los nuevos logros en el apartado de los efectos por computadora tras el éxito de Parque Jurásico, Jackson empezó a concebir una película de fantasía que fuese relativamente seria y se sintiera «real». Junto con su compañera Fran Walsh, inició un proyecto para adaptar El hobbit y El Señor de los Anillos al cine.

 
En “La Comunidad del Anillo”, la primera parte de la trilogía escrita por Tolkien, “los Argonath son un símbolo”, reconoce Peter Jackson.
El mismo Jackson junto con parte del equipo recorrieron el río Kawarau,  uno de los destinos más solicitados para hacer puenting y jet boating en Nueva Zelanda. Por sus aguas cristalinas navegaban los guardianes del anillo cuando aparecieron ante ellos, flanqueando el río, los famosos Argonath, las colosales estatuas de los reyes antepasados. 

 

En la película, los Argonath eran unas miniaturas de 3 metros del altura. Se filmó una panorámica desde un barco sobre el río y se insertaron las miniaturas.  Estas fueron talladas a mano en caucho de uretano, de forma detallada, hasta lograr la visión que Peter Jackson tenía de ambos colosos.
Cuando estuvieron terminadas, fueron escaneadas y los datos enviados a una empresa de Aukland, que modeló el uretano devolviendo réplicas exactas de las esculturas, sobre cuya superficie el equipo de diseño añadió los detalles.

A Peter Jackson le encantó el tamaño de los Argonath. Buscó en la filmación planos que favorecieran su grandiosidad, como el paso aéreo junto a la mano de una de las estatuas. Así como la existencia de un nido en uno de sus ojos. 

 
También se hizo una maqueta de los muros de la garganta, utilizando moldes de superficie de roca.  Se pretendía sugerir en las imágenes que la gente que levantó las estatuas solo pudo tallarlas hasta la cintura, porque no había suficiente roca natural. Construyeron una cantera a ambos lados de las figuras, y levantaron moles de roca, gigantescos sillares, hasta lo más alto de las paredes naturales. Sillares que tallaron dando forma a lo que ahora son los Argonath.

En la toma del pie, el río y la barca son digitales. La toma está compuesta por personajes digitales y una maqueta. Sobre la maqueta, un fotomontaje.

La escena en su conjunto está planteada y ejecutada tratando a los Argonath como lo que son, las puertas de Gondor: muestra de dónde viene la Compañía y adonde van, al tiempo que dan idea del tamaño colosal de los Reyes Antepasados. Al trasponer los Argonath se vislumbra el Tol Brandir, el promontorio de roca sobre los saltos del Rauros.



 
Este es el relato de la visión de los Argonath tal como encontramos en la obra de Tolkien.

Frodo miró hacia delante, y de pronto vio dos rocas que se acercaban desde lejos: parecían dos grandes pináculos o pilares de piedra.  Altas, verticales, amenazadoras, se erguían a ambos lados del Río. Una estrecha abertura apareció entre ellas, y el Río arrastró hasta allí las barcas.

-         ¡Mirad los Argonath, los Pilares de los Reyes! –gritó Aragorn-. Los cruzaremos pronto. ¡Mantened las barcas en fila, y tan apartadas como sea posible! ¡Siempre en medio de la corriente!

Frodo, arrastrado por las aguas, sintió que las dos torres se adelantaban a recibirlo.  Eran unas formas gigantescas, vastas figuras grises, mudas pero peligrosas.  En seguida vio que los pilares eran en verdad unas tallas enormes, que el arte y los antiguos poderes habían trabajado en ellos, y que a pesar de los soles y las lluvias de años olvidados todavía seguían siendo unas poderosas imágenes.  Sobre unos grandes pedestales apoyados en el fondo de las aguas se levantaban dos grandes reyes de piedra: los ojos velados bajo unas cejas hendidas aún miraban ceñudamente al norte. Los dos adelantaban la mano izquierda, mostrando la palma en un ademán de advertencia; en la mano derecha tenían un hacha, y sobre la cabeza llevaban un casco y una corona desmoronados. Aún daban impresión de poder y majestad, guardianes silenciosos de un reino desaparecido hacía tiempo.  Frodo se sintió invadido por un temor reverente, y se encogió cerrando los ojos, sin atreverse a mirar mientras la barca se acercaba. Hasta Boromir inclinó la cabeza cuando las embarcaciones pasaron en un torbellino, como hojitas frágiles y voladizas, a la sombra permanente de los centinelas de Númenor.  Así cruzaron la abertura oscura de las  Puertas.

Los terribles acantilados se alzaban ahora a cada lado a alturas inescrutables. El cielo pálido parecía estar muy lejos. Las aguas negras rugían y resonaban, y un viento chillaba sobre ellas.  Frodo, la cabeza entre las rodillas, oyó a Sam que gruñía y murmuraba adelante.
-         ¡Qué sitio! ¡Qué sitio horrible! ¡Que pueda yo salir de este bote y  nunca volveré a mojarme los pies en un charco, y menos en un río!
-         ¡No temas! –dijo una voz extraña detrás de él.

Frodo se volvió y vio a Trancos, y sin embargo no era Trancos, pues el curtido Montaraz ya no estaba allí. En la popa venía sentado Aragorn hijo de Arathorn, orgulloso y erguido, guiando la barca con hábiles golpes de pala: se había echado atrás la capucha, los cabellos negros le flotaban al viento, y tenía una luz en los ojos: un rey que vuelve del exilio.

-¡No temas! –repitió- Durante muchos años anhelé contemplar las imágenes de Isildur y Anarion, mis señores de otro tiempo. A la sombra de estos señores, Elessar, Piedra de Elfo, hijo de Arathorn de la casa de Valandil hijo de Isildur, heredero de Elendil, ¡no tiene nada que temer!

2 comentarios:

  1. He leído todo tu artículo de los argonaht y me ha encantado, recuerdo que hace doce años leí El Señor de los Anillos y he vuelto a recordar mis tiempos universidad. Que estés bien y sigue escribiendo!

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  2. Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
    Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.
    Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
    Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
    en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
    Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
    un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
    en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

    Bienvenido.

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