Me he venido hasta aquí (...) para hablar sólo un poco, muy poco, con algún transeunte y preguntarle una dirección. En esta ciudad, donde la respuesta es siempre la misma: "Destra, sinistra, sinistra, destra, destra, sinistra e altra volta sinistra".

Antonio Gala: Los papeles de agua.

viernes, 24 de octubre de 2014

Smoke On The Water de Deep Purple.

We all came out to Montreux
On the Lake Geneva shoreline
To make records with a mobile
We didn’t have much time


Frank Zappa and the Mothers
Were at the best place around
But some stupid with a flare gun
Burned the place to the ground

Smoke on the water, fire in the sky



They burned down the gambling hous
It died with an awful sound
Funky Claude was running in and out
Pulling kids out the ground

When it all was over
We had to find another place
But Swiss time was running out
It seemed that we would lose the race

Smoke on the water, fire in the sky

We ended up at the Grand Hotel
It was empty cold and bare
But with the Rolling truck Stones thing just outside
Making our music there
With a few red lights and a few old beds
We make a place to sweat

No matter what we get out of this
I know we’ll never forget
Smoke on the water, fire in the sky




Vinimos todos hasta Montreux,
a la orilla del Lago Generva,
a hacer unas grabaciones con una caravana móvil.

No teníamos mucho tiempo.

Frank Zappa and the Mothers
estaban en el mejor sitio.
Pero algún estúpido, con pistola de bengalas,
quemó hasta hacer cenizas el lugar.

Humo sobre el agua, fuego en el cielo.

Quemaron la casa de apuestas.
Murió con un sonido horrible.
Funky Claude entraba y salía corriendo,
sacando a los niños afuera.

Cuando todo terminó,
tuvimos que buscar otro sitio.
Pero el tiempo suizo corría deprisa.
Parecía que íbamos a perder la carrera.

Humo sobre el agua, fuego en el cielo.

Terminamos en el Grand Hotel.
Estaba vacío, frío y solitario.
Pero con el camión de los Rolling Stones aparcado fuera,
hicimos nuestra música dentro.
Con unas pocas luces rojas, y unas viejas camas,
hicimos un lugar donde trabajar duro.

No importa lo que sacamos de todo esto.
Sé que nunca lo olvidaremos.

Humo sobre el agua, fuego sobre el cielo.



martes, 7 de octubre de 2014

Soldados de Salamina

(...) Pero le voy a contar una cosa que usted no  sabe , una cosa de la guerra. (...) Cuando salí hacia el frente en el 36 iban conmigo otros muchachos. (...)  Hicimos la guerra juntos.(...) Ninguno de ellos sobrevivió. (...) Desde que terminó la guerra no ha pasado un solo día sin que piense  en ellos. (...) Todos muertos. Muertos. Muertos. Todos. Ninguno probó las cosas buenas de la vida: ninguno tuvo una mujer para él solo, ninguno conoció la maravilla de tener un hijo y de que su hijo, con tres o cuatro años, se metiera en su cama, entre su mujer y él, un domingo por la mañana, en una habitación con mucho sol...
(...) A veces sueño con ellos, y me siento culpable: les veo a todos, intactos y saludándome entre bromas, igual de jóvenes que entonces, porque el tiempo no corre para ellos; igual de jóvenes y preguntándome por qué no estoy con ellos, como si los hubiese traicionado, porque mi verdadero lugar estaba allí; o como si yo estuviese usurpando el lugar de alguno de ellos; o como si en realidad yo hubiera muerto  hace 60 años en cualquier cuneta de España o de África o de Francia y estuviese soñando una vida futura (...)  Nadie se acuerda de ellos, nadie. Nadie se acuerda siquiera de por qué murieron, de por qué no tuvieron mujer e hijos y una habitación con sol.

                          Javier Cercas.     Soldados de Salamina

miércoles, 1 de octubre de 2014

París


En cualquier caso, cada vez que piso París, me asalta una pregunta:  ¿se abandona alguna vez, esa ciudad?.
                                         
 Raimon Portell.
                                    
 Viajes.   National Geografic,36.

              “Hay en el aire, en el aspecto, en el sonido de París no sé que extraña influencia que no se encuentra en ninguna otra parte. Es un lugar alegre, eso no se puede negar.  En ningún otro sitio se manifiesta mejor que aquí (cuando se manifiesta) el encanto de los climas templados, con su aire húmedo, sus cielos rosas tornasolados o nacarados con los tonos más vivos y sutiles, los brillantes escaparates de sus tiendas delicadamente abigarrados, la amabilidad de su río, ni demasiado estrecho ni demasiado ancho, la dulce claridad de sus reflejos, el aspecto desenvuelto de sus habitantes, activos y ociosos a un tiempo, su sonoridad confusa donde todo se armoniza, donde cada sonido, el de la población marinera y el de la población urbana, responden a una proporción y un orden maravillosamente fortuitos. (...) en París la vida está en todas partes; todo parece aquí más vivo. Y sin embargo es dulce, pues cualquiera puede gozar del momento presente, dejarse mecer por el movimiento y el murmullo de esta ciudad alocada y sabia donde lo imprevisto ha establecido su reino desde antiguo(...) París quiere vivir; lo desea imperiosamente”.
    George Sand,  Soñar en París.

         “África se me presenta fría y lluviosa, a mi llegada una mañana de mayo. No he precisado tomar el avión ; me ha bastado con un corto viaje en metro. Me he apeado en Barbés, en la frontera entre el Magreb y el África negra. (...)  Camino un trecho bajo la lluvia de este maldito mes de mayo y llego a la calle Polonceau, en la frontera con Chateau Rouge , el barrio histórico del  África negra en París y, anteriormente, lugar de acogida de las sucesivas oleadas de inmigrantes magrebíes , asiáticos y europeos. (...)  Chateau Rouge no es tan solo un barrio exótico en cuyo mercado se vende ñame, batatas , pescado de Senegal o cerveza de Costa de Marfil.  Estas cuatro calles son el eje   de la “Europa africana”.   Los comerciantes africanos de Alemania, Gran Bretaña o Italia efectúan sus compras aquí”.
     Africanos en París.   Jean-Marie Bretagne. National Geografic


                “Ir a París sin ver el café sería como ir a Egipto y no ver las Pirámides”
    “El parisino toma en él su chocolate y lee su periódico, se toma su taza de café.(...) El café es el centro de la vida pública de París:(...) Aquí se discute sobre la política y las diversiones del día. (...) No es fácil describir el café parisino a un lector: los espejos que reflejan todos los objetos hasta el infinito, las cornisas doradas, el suelo lleno de serrín, las mesas d patas de hierro, la estufa alemana cargada de vajilla (...) Van pasando las horas y los ociosos de después de la cena van llegando; (...) Los asientos de fuera se llenan; se ríe, se está a gusto, se bebe sirope y se habla.”.

     Donald Grant Mitchell.  en Francia y los Franceses vistos por los viajeros americanos,1814-1848.


Corazón de Ulises

                Todo europeo que ame los libros debe traspasar, al menos una vez en su vida, la Puerta de los Leones de Micenas.(...)
Cuando llegué a Micenas, el sol había ganado la partida a los últimos restos de la bruma y el valle temblaba bajo la robusta luz.
(...)Uno siempre aspira a visitar en soledad lugares como Micenas,
pero es algo imposible en nuestro tiempo. (...) Supongo que la mayoría de los turistas que había allí aquella mañana sentían lo mismo que yo: que tenían el derecho de estar solos.
                Ascendí la cuestecilla y alcancé la briosa Puerta de los Leones, cercada de bloques de piedra imbatibles frente al furor de los siglos.(...) No hay, quizá, una entrada tan imponente en el mundo para el palacio de un rey.  (...)
                Al traspasar la Puerta de los Leones, aquella mañana
luminosa,(...) sentía a Homero caminando a mi lado, pero la presencia de Shakespeare me parecía en esa hora más próxima. Quizá tan sólo porque Micenas es el lugar del crimen, del gran crimen, del asesinato más literario de la historia del mundo.(...)
Ascendía, pues, en la mañana luminosa, las rampas marmóreas de Micenas(...)entre los berridos de agonía de Egisto, los ayes de dolor de Clitemnestra, lamentos de un moribundo Agamenón, gritos de parcas, suspiros perplejos del vengador Orestes, versos encendidos de Eurípides, y consejos temibles de Lady Macbeth. (...) Olía a muerte en la mañana de Micenas mientras los alegres turistas se fotografiaban unos a otros con furor, ignorantes del crimen, de los más grandes, espantosos y magníficos crímenes de la historia de la literatura.
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                (...)los criterios morales de los griegos no se parecían en absoluto a los nuestros, heredados en su mayoría del mundo cristiano. Sus dioses, entre otras cosas, no eran infinitamente buenos e infinitamente justos, como el dios cristiano, sino infinitamente malignos e infinitamente caprichosos. En la Antigüedad clásica, del último que podías fiarte era de un dios.
      
                  Javier Reverte. Corazón de Ulises.  Aguilar.