Me he venido hasta aquí (...) para hablar sólo un poco, muy poco, con algún transeunte y preguntarle una dirección. En esta ciudad, donde la respuesta es siempre la misma: "Destra, sinistra, sinistra, destra, destra, sinistra e altra volta sinistra".

Antonio Gala: Los papeles de agua.
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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Letra That's My Desire, Louis Armstrong.



To spend one night with you
In our old rendezvous
And reminisce with you
That's my desire

To be where gypsies play
Down in that ole cafe
We'll dance till break of day
That's my desire

We'll sip a little glass of wine
I'll gaze into your eyes divine
I'll feel the touch of your lips
Pressing on mine

To hear you whisper low
Just when it's time to go
Darling, I love you, so
That's my desire

(instrumental break)

To hear you whisper low
Doggone you know it's time to go
Darling, I love you so
You're my desire

Though you found someone new
I'll always love you
That's my desire

Louis Armstrong y Velma Midleton.
 

Para gastar una noche contigo
En nuestra vieja cita
Y recordar contigo
Este es mi deseo.

Estar donde los gitanos tocan.
En ese café ole
Vamos a bailar hasta el amanecer
Ese es mi deseo

Vamos a tomar una copita de vino
Voy a mirar a tus ojos divinos
Voy a sentir el contacto de tus labios
Al posar sobre los míos.

Para oírte susurro
En el momento en que es hora de ir,
Querido, Te amo, por lo que
Ese es mi deseo

(Rotura instrumental)

Para oírte susurro
Doggone sabes que es hora de ir
Querido, Te quiero tanto
Usted es mi deseo.

Aunque encontraras a alguien nuevo
Yo siempre te amaré
Ese es mi deseo


jueves, 6 de diciembre de 2012

Dave Brubeck


Ayer, 5 de diciembre de 2012, escucho en el telediario la noticia del fallecimiento a los 91 años del pianista de jazz Dave Brubeck.
La afición al jazz me llegó de la mano de Benny Goodman y Lionel Hampton. Luego llegaron Armstrong, Bassie, Ellington, Monk, Charlie Parker…
Aún así, no olvido que uno de mis primeros discos, junto a otros de Cecil Payne y Sidney Bechet, fue el volumen 8 de American Jazz&Blues History, Cuarterto de Dave Brubeck, 1955.

Dave Brubeck, nace el 6 de diciembre en Concord, California. Su madre era pianista y directora de coro. David estudiaba piano y violonchelo desde los nueve años, y con el tiempo prioriza sus estudios musicales por encima de la carrera de veterinaria.
 El ejército lo envía en 1944 a combatir con las fuerzas aliadas en Francia. A su retorno a EE.UU. estudia con el prestigioso compositor francés, Darius Milhaud y organiza un octeto experimental con otros alumnos del maestro francés. Su acercamiento cerebral y meticuloso a la composición fue herencia de sus años de estudio junto Milhaud.

Ídolo confeso de Duke Ellington - su música hizo que Brubeck abandonara los terrenos de la música clásica por el jazz - soportó al principio de su carrera, criticas durísimas sobre su forma de tocar, sobre su música y sobre su calidad como pianista. Con la perspectiva histórica que da el tiempo, se le reconoce el haber intentado, y en cierto modo logrado, una fusión entre elementos de la música europea y el jazz, sobre todo en su faceta de compositor.

Finalizados sus estudios musicales decide formar un conjunto propio, un octeto experimental. En 1949 forma un trio; trio que en 1951 amplía, creando su famoso cuarteto con el saxofonista alto, Paul Desmond, desde donde se lanza a dar conciertos por colegios y universidades hasta que en 1954, la prestigiosa revista "Time", le dedica su portada.

Cuando en 1956, se incorpora al cuarteto el excelente batería, Joe Morello y el no menos magnifico contrabajista, Gene Wright en 1958, el cuarteto se refuerza sensiblemente ganando en calidad y eso hace que Brubeck y Desmond, empiecen a ser conocidos fuera de los Estados Unidos, realizando giras por los cinco continentes con el patrocinio del Departamento de Estado americano.

 Su inagotable afán por conocer nuevas formas rítmicas en sus giras por Japón, Europa o Asia produce como resultado Blue Rondo à la Turk, cuya inspiración le llegó paseando por las calles de Turquía.

 El éxito de masas y publico, le llega en 1959 cuando graba la extraordinaria composición creada por Paul Desmond, "Take Five".

El éxito de aquel disco grabado para Columbia, titulado "Time Out" produjo record  de venta y de audiencia que se prolongó prácticamente hasta la marcha de Desmond del cuarteto, hecho que ocurrió en 1967. Desde entonces, un par de felices reencuentros con Desmond, hasta la muerte de este en 1977, y una carrera que le mantuvo en activo hasta 2010. Una vida dedicada por entero al jazz que finalizó en Norwalk, Connecticut, el 5 de diciembre de 2012.

martes, 27 de marzo de 2012

Y el Dixie tomó Praga: la banda del puente.


 El jazz es una música inventada por negros. Surge de la unión de tradiciones estadounidenses, africanas y europeas. A lo largo de su ya centenaria andadura, la controversia entre blancos y negros siempre ha estado revoloteando a su alrededor en una pugna histórica en la que negros y blancos pugnaban por la capacidad de generar swing y de paso, disputarse la hegemonía y también, por que no, la paternidad de aquel sonido.




 
Los músicos negros vieron limitados a principios del siglo XX su campo de actuación a burdeles y locales exclusivamente para negros; incluso bien entrados los años treinta, los productores solo dejaban a los negros el camino de grabar en los llamados "Race records", una especie de sellos discográficos exclusivamente para negros.
 En este contexto se fundó La Original Dixieland Jazz Band (ODJB) , formada por Larry Shields ( clarinete ), Nick La Rocca ( trompeta ), Eddie Edwards ( trombón ), Henry Ragas ( piano ) y Tony Sbarbaro ( batería ), que en Enero de 1917 denominó por primera vez un estilo musical como Jazz. Este combo blanco, ayudado por la industria discográfica de entonces, tuvo el privilegio y el honor de haber realizado las primeras grabaciones en estudio de la historia del jazz, imitando en 1917 la música negra de Nueva Orleáns.


 
 Fue en Chicago donde aquellos sonidos negros fueron imitados con mayor naturalidad y sapiencia por los blancos. Los discos de la OJDB y los de la New Orleáns Rhythm Kings eran devorados por los ciudadanos de la "ciudad del viento" y aquel movimiento tomo cuerpo y nombre. 
Allí nació el estilo llamado dixieland. Surgido como contraposición al jazz de los negros, limitado en principio a la simple imitación de aquellos sonidos del sur, el dixieland empezó a tomar cuerpo alrededor de un par de músicos fanáticos de los sonidos de New Orleáns y de la trompeta de Bix Beiderbecke: Eddie Condon y Bud Freeman.

 
 Sus solistas fueron celebres personajes  y algunos como Jack Teagarden, miembro durante mucho tiempo de los famosos "All Stars" de Louis Armstrong, se convirtieron en verdaderos ídolos.
 



El dixieland, lo tocaban músicos blancos, que imitaban el estilo "Nueva Orleans" que tocaban preferentemente músicos negros. Por eso, mucha gente cree, erróneamente, que el "dixieland" y el "New Orleans" es lo mismo.
En el Dixie tres instrumentos destacan sobre los demás: la trompeta, el clarinete y el trombón. El ritmo y la base armónica corren a cargo del contrabajo, la batería, el bajo, el banjo y el piano, aunque muchas veces toman un papel protagonista (interpretado solos improvisados).


 Generalmente este tipo de música se toca en la calle, incluso se utilizaba para desfilar. Los instrumentos más pesados e imposibles de trasladar al aire libre, como el piano, el contrabajo, o la batería, se sustituyen por la tuba y otros instrumentos de percusión, como la caja y los platillos.



Y el dixie en su deambular llegó a las calles de Praga. Cualquier rincón es bueno para escuchar el swing vertiginoso de verdaderos virtuosos de la trompeta, el clarinete, el banjo e incluso… la tabla de lavar.   Cuando los soviéticos abandonaron las calles de la capital de Chequia,  el Dixie tomó su lugar.


 
Cuando el tiempo es bueno y se da un paseo en el Puente de Carlos, nos encontraremos con muchos pintores y otros artistas. Entre todos ellos, seis músicos de jazz se destacan, merced a la voz inconfundible de su director de orquesta, Jan Novák Křtitel, el cantante, autor de letras de canciones y fundador de la banda. Banda que nació poco después de la Revolución de Terciopelo de 1989 con la intención de tocar  en el Puente de Carlos.


 
 
Cada año que pasa, sin embargo, la banda ha sido invitada a tocar en diferentes eventos y lugares, y hoy en día se puede escuchar la banda del puente en las bodas, celebraciones de empresa, veladas, en restaurantes con estilo en Praga, en donde sea. La banda también ha estado llevando a cabo actuaciones en los festivales de música y también en clubes y bares, no sólo en otras ciudades checas, sino también en el extranjero, principalmente en los países de habla alemana, en Noruega , o en Bélgica. Cuando el tiempo es bueno, se puede escuchar a la banda en el Puente,  el Puente de Carlos.

domingo, 25 de marzo de 2012

Escuchando a Tom Harrell.

Corrían los primeros años de la década de los 80. La casualidad y una serie de afortunadas circunstancias me habían conducido aquella noche hacia una perfecta tetralogía formada por chica, juventud, música y alcohol.

Y allí estábamos, entre un puñado de fanáticos del jazz, escuchando a unos poco afortunados instrumentistas locales entre los que destacaba un saxo tenor desaforado, esperando la salida a escena de Phil Woods.

Saxofonista blanco del que solo sabía entonces que era discípulo predilecto de Charlie Parker, aterrizaba en Valladolid en plena zona de bares y tugurios a los que los universitarios recurrían para hacer más llevadera la carrera.
 Presentaba un quinteto de reciente creación, abandonando su habitual European Rhythm Machine, (eso lo descubrí después), y era una ocasión de degustar en directo un bocado al que contaba con llegar tan solo mediante grabaciones.


A Phil Woods no le vimos mucho. Paseó por el escenario bajo su inconfundible visera, fraseó de vez en cuando, y descargó casi toda la responsabilidad del concierto en su trompetista: Tom Harrell.

Fue un espectáculo sonoro y visual. Y no precisamente por su dinamismo.  Tom Harrell no es Hampton, saltando y sudando tras un vibráfono. Ni Armstrong, bromista impenitente, socarrón.  Mientras el resto del quinteto se comportaba como se espera de un jazzman,… (activos, atentos, siguiendo el ritmo, marcando el compás con todas las partes de su cuerpo, destilando Swing por cada poro y en cada nota), Tom Harrell convertía el quinteto en un marcado cuatro mas uno. Abstraído, cabizbajo, ascético, más gárgola que humano. Viva imagen de un monje aferrado a una trompeta.

Mientras oídos, pies y corazón seguían la vertiginosa evolución de las notas, los ojos, mis ojos por lo menos, no perdían de vista aquél trompetista inmóvil, descubriendo que sólo salía de su ensimismamiento para acercar la boquilla a los labios y lanzar hacia nosotros (o hacia ninguna parte, pues no creo que fuera consciente de nada que no fuera sonido y ritmo), improvisación tras improvisación, el jazz más alucinante que soy consciente de haber escuchado en toda mi vida.

Fue algo mágico, irrepetible, inolvidable.  Puede que Phil Woods intuyera que esa era la noche de Tom Harrell y discretamente se pusiera en segundo plano, aprovechando un bolo tras el festival de Donosti para descansar cubriendo el expediente. 
O puede sencillamente que Tom Harrell se merendara a Phil Woods.

La tetralogía salto en pedazos: adios alcohol, adios juventud (reemplazada por un estado de intemporalidad inquietante), y todo quedó reducido a música y chica, esta mirando alternativamente al escenario y al idiota en trance que tenía al lado.
De allí salí buscando el nombre que un programa improvisado no incluía, y unas grabaciones que ampliaran mi colección de LPs.

El nombre lo encontré. Y con él la solución al misterio.

 “Nacido en Urbana, Illinois
La biografía está al alcance de cualquier internauta, no tiene complicaciones. Pero existe una página que retrata perfectamente a Tom: “Tocando desde otro lugar. Tom Harrell, su trompeta y la pasión”.

Biográficamente, Harrell sufre una enfermedad desde la infancia, supera una enfermedad , o está siendo tratado con fármacos.  El resto son elogios o descripción de estilo. ¿Qué no recogen las biografías o qué dejan de lado?. Precisamente el motivo que le hace diferente, la explicación de su comportamiento sobre un escenario.
Citando  “ Tocando desde…”:   “(…) ¿qué pasa con  Tom Harrel que le hace distinto a todos?  Esquizofrenia paranoide desde los 11 años. (…)


Tras haber superado recaídas, problemas personales y matrimoniales, y algún que otro intento de suicidio, el mismo Harrell habla así de su enfermedad:
“Una cosa que ha pasado con la enfermedad mental es que me ha ayudado a adentrarme más en mí mismo. En cierto modo me aísla socialmente. No tengo tantas opciones sociales como tienen otras personas”. 


Parafraseando “Tocando desde...”  “Tom Harrell (…) habita una realidad complicada, y su mundo sonoro tiene la delicada tarea de equilibrar el mental”.

El mundo a través de los sentidos de Harrell es muy diferente al que percibimos el común de los mortales.
Harrell convierte en música todo lo que para nosotros son sonidos cotidianos, dicho de otra manera, contempla el mundo de una forma peculiar, convirtiendo en una sucesión de melodías ritmos tonos y acordes lo que para nosotros son ruidos.  Y piensa que la mejor manera de escuchar la música es con los ojos cerrados.
Todo se refleja en escena. Todo compone el personaje que vemos antes que escuchamos cuando acudimos a una jam session. Y es que, además de su timidez, Tom Harrell tiene miedo a ser mal interpretado por el público. A pesar de que Harrell ¡adora! a su público.


El caso es que, casualidad, con el tiempo cayó en mis manos una novela, “La velocidad de la luz”, de Javier Cercas, ambientada en Urbana.  Su protagonista, un excombatiente de Vietnam de vida torturada, cordura inestable e incapacidad social. 

Urbana.

El mismo pueblo al que iban a tocar Jack Lemmon y Tony Curtis en Con faldas y a lo loco.

Música, literatura, cine y Urbana. No me va a quedar más remedio que darme un garbeo por allí algún día.

Mientras tanto, sigo forjando la larga cadena de casualidades que da forma a  mi vida. Y cuando ya no pueda añadir más eslabones, es muy posible que recuerde que una noche en una plaza de Valladolid tuve el privilegio de escuchar a Tom Harrell.

Y moriré feliz.